En un bosque cubierto de hojas doradas y húmedas, donde la lluvia caía suave como un susurro de seda, caminaba Babee, la lechuza amable. Sus grandes ojos negros eran profundos como charcos en la noche y brillaban con un toque de nostalgia, y sus plumas cremosas se asomaban bajo su vestido blanco. Sus pasos crujían sobre las hojas húmedas, y cada crujido sonaba como pequeños “cric-cric” que acompañaban su corazón algo triste.
Hace un tiempo, Babee había perdido a sus polluelos a causa de una enfermedad. Desde entonces, cada rincón del bosque le recordaba a sus pequeños, y su corazón se llenaba de un silencio frío, como la chimenea apagada de su preciosa casita de campo, donde guardaba recuerdos y mantas de lana perfumadas con lavanda.
Una tarde de otoño nublado y lluvioso, mientras paseaba entre los árboles y los senderos cubiertos de hojas, escuchó un llanto diminuto que parecía el tintineo de campanillas perdidas entre la hojarasca. Siguiendo el sonido, encontró un gatito pardo, acurrucado bajo un arbusto, con los ojos grandes y tristes. Su madre había sufrido un accidente, y ahora estaba solo.
Babee se acercó despacio, con pasos suaves como plumas cayendo sobre el agua. El gatito sintió que su voz, un dulce “hu-hu”, parecía envolverlo como una manta tibia de lana. El pequeño levantó la cabeza y, al ver los ojos amables de Babee, algo se suavizó en su corazón.
El gatito aprendió que, aunque a veces el mundo podía ser triste y solitario, siempre hay corazones dispuestos a cuidar de ti, y que la ternura podía nacer incluso después de la pérdida. Y Babee, por su parte, descubrió que el amor puede abrirse camino de nuevo, con pequeños pasos sobre hojas húmedas, entre un “hu-hu” y un ronroneo que retumbaba como un pequeño tamborcito bajo las mantas.🦉🐾🍂
Fin
Sobre el cuento:
Una mirada profunda a “La Lechuza Babee”: El valor de la luz tras la sombra
A menudo, la literatura infantil tiende a evitar los rincones oscuros de la existencia, presentando mundos donde la tristeza es pasajera o inexistente. Sin embargo, en este cuento, la autora nos propone un ejercicio de honestidad emocional poco común y profundamente necesario.
Al leer la historia de Babee y el gatito, descubrimos una filosofía que entiende la enfermedad y la pérdida no como tabúes, sino como maestros. La autora nos recuerda que las pérdidas, esas que a veces conocemos por primera vez a través de nuestros abuelos o seres cercanos, están diseñadas para enseñarnos, desde niños, la urgencia de valorar el momento presente y el regalo de lo que se nos ha dado.
Por qué este cuento es diferente
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La oscuridad necesaria: El “silencio frío” de la pérdida permite que el calor de la chimenea encendida cobre un sentido más profundo. La luz al final del relato no es un simple recurso narrativo; es una victoria ganada tras caminar sobre las “hojas húmedas” del dolor.
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La resiliencia como puente: Babee no ayuda al gatito por pura cortesía, sino desde la herida compartida. Es una oda a la capacidad de reconstruir el amor incluso cuando pensábamos que nuestro hogar quedaría vacío para siempre.
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Una lección de atención plena: A través de los sentidos —el aroma a lavanda, el tacto de la lana, el sonido de la lluvia—, la autora ancla al niño en el “aquí y ahora”, demostrando que la felicidad reside en esos pequeños detalles que solo aprendemos a cuidar cuando conocemos su fragilidad.
Este no es solo un cuento para dormir; es un espacio de encuentro donde adultos y niños pueden hablar de la vida con toda su complejidad, celebrando la ternura como la fuerza capaz de encender de nuevo cualquier hogar apagado.
- Sobre la empatía: "Babee y el gatito habían perdido algo importante. ¿Cómo crees que se sintieron al encontrar a alguien que los escuchaba y los arropaba con mantitas de lana?"
- Sobre el valor del presente: "Babee guardaba recuerdos con olor a lavanda. ¿Qué momento de hoy te ha gustado tanto que te gustaría guardarlo en una cajita de recuerdos?"
- Sobre la superación: "Al principio, la chimenea de Babee estaba apagada y fría. ¿Qué cosas crees que ayudaron a que el fuego y el calor volvieran a su casita?"
- Sobre la diversidad del amor: "Babee es una lechuza y su pequeño es un gatito. ¿Crees que hace falta ser iguales para cuidarse y quererse tanto?"


